El modelo económico de López Obrador es un regreso a los setentas: a Echeverría y a López Portillo, al estatismo, al cierre de fronteras, al proteccionismo. Un regreso a la "docena trágica" donde se gestó la crisis del '82. Un regreso al PRI de siempre.
Proyectos faraónicos y elefantes blancos de entonces, financiados con deuda y renta petrolera, para satisfacer el ego personal tanto de Echeverría como de López Portillo. Mismos proyectos que ahora trae López Obrador: trenes bala, refinerías -cuando la refinación ya no es negocio-, etc etc. Tan es así que una de las propuestas de López Obrador es disponer de las AFORES -o sea, del dinero que hemos ahorrado- para financiar proyectos de infraestructura. ¿Y si el proyecto falla? Se irán ahí los ahorros de años y años de trabajo.
La situación actual de Grecia y España ya la vivimos en los ochentas: el rescate del FMI por la deuda pública, los costos exagerados de obras carísimas y la expropiación de la banca, con todo lo que implicó la recuperación del país: la reconstrucción que en doce años las políticas populistas destruyeron.
Hugo B. Margáin, el primero de los tres secretarios de Hacienda de Echeverría, lo criticó por el despilfarro en proyectos onerosos. La respuesta de Echeverría: removerlo de su cargo y afirmar categóricamente: "Ahora la economía se maneja desde Los Pinos". Así le fue al país. Ésa es la forma de pensar que comparte López Obrador y los suyos: el Estado benefactor, que gasta y gasta, a costa del presente y futuro de los mexicanos.
El país ya no aguanta otro Echeverría ni otro López Portillo. No más populismo.
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