domingo, 26 de enero de 2014

Sobre pobreza y desigualdad

Nuestros políticos, gente de izquierda, de centro, de derecha y de casi todas las ideologías, luchadores sociales, activistas y demás buenas conciencias siempre claman que la desigualdad es algo que debe combatirse. Pero considero que fallan en su diagnóstico. Pobreza y desigualdad bien pueden no ser iguales.

¿Es ofensivo que alguien sea muy rico mientras muchos son muy pobres? Hay quien considera que sí -y depende de cómo se generó la fortuna de este hipotético acaudalado, si mediante el legítimo esfuerzo o por contubernios con políticos y prácticas deshonestas-, y pretenden solucionando "repartiendo la riqueza". Pero no se va a lograr mucho quitando al rico para darle a los pobres así nada más. En vez de eso, sería mejor brindarle herramientas, conocimientos y habilidades a los más pobres para que generen su propia riqueza. Querer igualar a todos a los mismos niveles de vida e ingreso es propio de regímenes totalitarios, y generalmente esa igualación termina fracasando, llevando a todos hacia abajo, nunca hacia arriba. Hacia abajo porque la idea es "repartir" la riqueza, nunca generar más riqueza.

Considere usted el caso hipotético de dos pueblos; en uno todos los hogares pueden comprar, al mes, dos hogazas de pan; nadie tiene más, nadie puede tener más (aunque hay quien pueda tener menos). En el otro pueblo, hay hogares que pueden comprar mensualmente hasta 5000 hogazas, algunos otros 1000, y los hogares con menores recursos pueden comprar, a lo mucho, 40 hogazas de pan. ¿Cuál pueblo es más pobre? ¿Cuál es más desigual?

La solidaridad obligatoria bien puede considerarse como extorsión, y como pretexto para que políticos hipócritas saluden con sombrero ajeno. Y eso que en el mejor de los casos repartan; casi siempre se lo roban.

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