El PRI está de regreso.
Lo estamos viendo: en la televisión, en los
periódicos, en los jilguerillos alabadores de Peña Nieto, en los
matraqueros de candidatos, en los –ahora nuevos- “acarreados digitales”
ectivistas: el PRI está de regreso.
Está de regreso con su cinismo, su
desvergüenza, su intolerancia, su violencia, su represión. Está de regreso y
quiere cobrar venganza porque lo sacamos de Los Pinos, allá en el 2000.
Está de regreso con un candidato hecho para
y por los medios, una versión atractiva para el espectáculo: vacua, frívola e
inepta. Inepta pero intolerante, represora y autoritaria.
Cada que le ocurre algún conflicto a Peña
Nieto, los jilguerillos corren a arroparlo, a tachar de sus críticos de
“intolerantes”, “porros”, “resentidos”, etc etc. En columnas y artículos,
programas de televisión y radio, se deshacen en halagos y defensas a Peña
Nieto. Igual que en los tiempos del viejo régimen.
Durante estos años que el PRI estuvo fuera
de Los Pinos, se ha dedicado a bloquear reformas, a obstaculizar el avance del
país, todo para generar la percepción de que estábamos mejor cuando estábamos
peor. Al PRI y a los priístas no les interesa el bienestar del país: anteponen
sus mezquinos intereses políticos y clientelares al beneficio de México.
¿Qué no es así? Bloquearon todas las reformas, hasta las suyas propias. En los cotos que logró mantener el PRI, se muestra que
es mentira que hayan cambiado: endeudamiento, corrupción, peculado, atraso,
pobreza, violencia y colusión con el crimen organizado. Está por demás citar
los casos de Humberto Moreira, de Arturo Montiel, de Fidel Herrera y el
“reapendejado” Javier Duarte, de Mario Marín, de los ineptos gobernadores de
Tamaulipas, de Rodrigo Medina, de Ulises Ruiz, de Enrique Peña Nieto. ¿Son
ellos la muestra del Nuevo PRI, del cambio que ahora enarbolan?
Ése es el PRI: el que le apuesta a
obstaculizar, el que se opone por oponerse, el que busca que le vaya mal al
país para mostrarse como “la opción de cambio”, el de los arrogantes, intolerantes
y represores; el que ahora acusa “guerra sucia” cuando se les recuerda el
pasado de su desastroso régimen, cuando se les señalan sus mañas, vicios y
raterías.
Tal vez el PRI nunca se fue: se ocultó en
otros partidos, que quisieron copiar sus perversiones y vicios, y hasta postularon expriístas como sus candidatos, y al final resultaron
una burda copia del original. Como sea, el PRI está de regreso, y quiere cobrar
venganza.